CECILIA VARGAS MUÑOZ


"La sabiduría no proviene de estudios académicos solamente, sino de toda una vida luchando por conseguirla"
Albert Einstein.

 

BARRO, LENGUAJE Y RUTA

 

De la arcilla, material de alto desempeño como el acero, nace la cerámica. El arte más antiguo y el más universal. Las ceramistas y los ceramistas traducimos concepciones colectivas dejando íntimamente un lenguaje a nuestra comunidad, porque el barro no pierde su forma ni su color; si se destruye sobreviven los fragmentos, estableciendo horizontes culturales y mostrándonos algo que de verdad es.

Veo reflejado en lo precolombino el amor como saber universal, en una patria íntima producto del gozo de lo muy personal y poblando nuestro mundo de metáforas donde cada artista llega a la verdad por sus propios pasos.

Toda esta efectividad de América es el resultado de siglos de dedicación y de observación; no permanecíamos ajenos a las adquisiciones de las ciencias y de las artes y hacíamos partícipes al mayor número de personas en la dignidad soberana del conocimiento. "El pueblo americano nacía y moría en la continua constatación del mundo, de observaciones neutrales que luego se convertían en interpretaciones".

Octavio Paz.


Nuestra cultura fue excluida de la historia. La realidad vivida por el vencido no es la misma realidad escrita de manera sesgada por el invasor. Hemos despojado al indígena de su espíritu, de su estrecha relación con la tierra, de su sacralidad; nos desviaron de nuestra ruta para emprender una incierta.

No es la técnica la que marca el tiempo de la cultura sino las relaciones humanas; de ahí la urgencia de re-inventar el desarrollo humano con el ejercicio de la filosofía en la vida, como lo hacíamos hace 500 años; los sentidos, el instinto y la imaginación preceden siempre a la razón.


En América el concepto de tiempo y nuestra lógica era otra, no reinaba el imperativo de la urgencia, (que no insiste en nada ni da lugar a profundizar en nada) la falta de contactos reposados atrofian nuestros sentidos; el arte verdadero es el resultado del sosiego. Hoy, de un vistazo se juzga todo.


Quiero incitar a la producción de un pensamiento artístico con lenguaje constatativo, no imperativo; hacer uso de la libertad de pensar para que se traduzca en obra artística. Así era el arte entre nosotros: Un ejercicio intelectual, porque el arte es grande cuando es verdadero. De esta forma reconstruiremos una sociedad con sentido de significado, pues la grandeza no es una cosa fortuita sino que tiene que ser deseada por todo un pueblo.


"La cerámica no quiere durar milenios, ni está poseída por la prisa de morir pronto; transcurre con los días, fluye con nosotros, se gasta poco a poco, no busca la muerte ni la niega, simplemente la acepta". Nos dice Octavio Paz.


Con la arcilla he sido afortunada, ella me ha enseñado lo fundamental y lo más importante; me ha formado como ser humano; el barro me ha servido para agradecer más lo que la vida me ha dado.

Muchas gracias.
Cecilia Vargas Muñoz Pitalito junio 24 de 2002

Arte tradicional

Carpinteria de don Joaquin Vargas

Chiva

Chiva

Cultura indígena nacional

Ranchito

Jeep

Pesebre Aura Muñoz

Obra en el Museo del Oro

Tradiciones de Noche Buena

Juan Valdéz

Zapateria de Don Tarquino

Vivienda campesina

Venta de frutas

 

"BAHAREQUES"

"Nuestra relación con la tierra es que somos más y nada más que el espacio que ocupamos en un momento determinado. Es la misma tierra la que tiene una verdadera posesión de nosotros como pueblo".
Joe Dale Tate Nevaquaya


Dice el dicho que recordar es vivir, pero para Cecilia Vargas y a través de sus manos, esta simple función es más vivir que recordar. La cerámica, medio en donde se unen sus pasiones y sus desdichas, es la forma por medio de la cual ella ve, se relaciona y se comunica con el mundo. Ya desde su juventud y bajo la influencia férrea de una sencilla, curiosa y culta madre, Cecilia Vargas desarrolló a través de la cerámica una forma única y especial de ver el mundo.


Utilizando su fantasía, poder de observación, infinito humor y magnífica creatividad, Cecilia Vargas desarrolló a edad muy temprana ese pequeño pedazo de historia del barro colombiano, llamado curiosamente 'Chiva'. Patentada con orgullo a su nombre, la 'Chiva' es un jocoso pedazo de realidad, que con el tiempo se ha convertido en uno de los orgullos colombianos por excelencia y en un producto souvenir en muchos países latinoamericanos.


Como la verdadera artista que es y que no duerme sobre los laureles de su fama, Cecilia Vargas continua siguiendo su fuerte instinto y desarrollando su especial manera de ver el mundo.


Su serie de Bahareques, es el resultado de un continuo y largo trabajo. Apasionada por la cultura precolombina, Cecilia Vargas no ha dudado ni un momento en dedicar años a la investigación de inmensos y extraños jeroglíficos denominados petroglifos hallados dispersos en un territorio al sur colombiano, muy cerca a uno de los santuarios arqueológicos más antiguos del continente: la cultura de San Agustín. Sobre inmensas rocas y cavados en la piedra, se hallan estos enigmáticos grabados que son testimonio de un pasado desconocido. Cecilia Vargas personalmente y con la ayuda de arcillas y pigmentos tradicionales, admiró, y estudió estos jeroglíficos y extrajo sobre papel magníficos "impresos", en los cuales se ha inspirado para ésta, su última creación artística.


Interesada siempre en el ser humano, su entorno y su pasado, Cecilia Vargas ha desarrollado un tejido surreal y mágico a través de sus Bahareques (mezcla de diferentes materiales provenientes de la naturaleza:


Barro, guadua, paja y pigmentos naturales), y una impresionante, pragmática y sencilla visión de su mundo cosmogónico, que nos recuerda las expresiones más profundas del arte precolombino.


En esa facilidad de la línea, la sencillez de los materiales y en el poético significado de sus obras, Cecilia Vargas nos transmite a través de sus Bahareques, un mundo mágico y personal, probablemente muy similar al que nuestros antepasados precolombinos poseían.
Víctor Escobar

Para dar a conocer a las nuevas generaciones costumbres olvidadas de la época de Aguinaldos y Nochebuena he decidido como trabajadora de la cultura, promover la TRADICIÓN DE NOCHEBUENA, en el Huila donde ésta fiesta religiosa, era motivo de gran actividad social en época no muy lejana, dando oportunidad a manifestaciones f oí dóricas muy ricas.


En varios pueblos de dicho departamento, durante la novena de aguinaldos, recorrían las calles grupos de personas formando comparsas. Estos disfraces iban acompañados de rústicos músicos que tocaban la "puerca", el tambor, las maracas y otros objetos con percusión, como el taburete de vaqueta bien templado. Así acompañaban al "rey" y la "reina" que en Garzón llevaban hermosos vestidos hechos de plumas de colores; al diablo y la diabla, lo mismo que la "muerte" que enredaba con su guadaña a quienes pasaban junto a ella, creando así un juego muy divertido. Este conjunto, en Garzón llevaba el nombre de "Pichinche" o "Cúndala" voz onomatopéyica, por el sonido del tambor: cundata... cunda... cúndala... cunda... cúndala; en otras regiones como en La Plata se llamaba "Cabullo" y en el Valle del Cauca se llama "Curángano".


Toda esta actividad lúdica, se hacía más alegre con las apuestas de aguinaldos como: el "hablar y no contestar", el "sí y el no", "palito en boca" y el "grito de las doce", etc. El eje de estas festividades era el Pesebre, tradición heredada de España pero muy aclimatada en nuestro medio, donde se popularizó en casi todos los pueblos. El "arreglo del Pesebre, reunía a toda la familia con gran fervor y entusiasmo.


Esta tradición religiosa, dio origen a actividades artesanales como los pesebres de barro cocido pintados al frío de Aura Muñoz de Vargas en Pitalito, dando carácter de actividad creadora a casi todos sus hijos, que se dedican a la labor de la cerámica.


El pesebre salido de las manos de Aura Muñoz de Vargas, tiene un principio de carácter bíblico, que se ha ido "mestizando", y ahora nos muestra un San José con vestido oriental, mientras lleva sombrero Suaza, dándole así, un aire encantador.


Los ángeles de sus ya famosos pesebres están posados en una nube, que semeja un batido de huevo; todo esto forma parte del carácter auténtico de su trabajo artesanal. De sus hábiles manos han salido cientos de pesebres o nacimientos, que están regados por todo el país y "fuera de él.


Como un homenaje a la creadora de arte popular. he organizado con el apoyo de Corporación Colmena y el Museo de Artes y Tradiciones Populares, una muestra de 30 pesebres. Incluidos los de sus hijas, que han heredado parte de su habilidad y también han aportado nuevas ideas al trabajo artístico de esta artesana de gran tradición y calidad.
En la muestra que se presenta en los salones del Museo de Artes y Tradiciones Populares, se pueden apreciar trabajos de la maestra artesana y de sus hijas, Cecilia, Esperanza Mery y Edith Vargas Muñoz, lo mismo que de sus nueras, Luz Marina Molina de Vargas, y Nohora Triana de Vargas rubricando así una herencia artística de gran valor en la búsqueda de nuestra identidad cultural.

EDITH VARGAS MUÑOZ

UN MODO DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA

Primero aprendió a modelar la arcilla que a escribir. Ese arte lo heredó de su mamá Hoy, sus 'chivas' y pesebres campesinos han llegado hasta el Vaticano y el Palacio de la Zarzuela, Actualmente, expone en el Museo del Oro escenas de la vida diaria de los indígenas de todo el país.

LUZ BEATRIZ GARCÍA AGOSTA

En un principio no había nada. Ni animales, ni plantas, ni hombres. Una absoluta soledad reinaba sobre la tierra …solo había cantidades informes de barro. La Biblia dice que el primer hombre fue hecho de éste material.

Los antiguos habitantes de América desarrollaron sus culturas al mismo tiempo que construían sus casas de arcilla y cocinaban los. alimentos en ollas de barro. A ellos, a esos indígenas, que además de suplir necesidades primarias demostraron poseer conocimientos de astronomía, agronomía y arquitectura, y mucha espiritualidad, es que Cecilia Vargas rinde un homenaje con las manos.

Manos inspiradas en el deseo de reivindicar un pasado desvalorado por los herederos de las culturas indígenas que se apersonaron de costumbres externas y olvidaron la riqueza de las propias.

Por eso, sus pesebres son una visión del pueblo colombiano: María es una campesina de trenzas, con sombrero de Suaza y sentada en un tronco; San José, un campesino fuerte de ruana; y el ángel Gabriel, otro campesino con sombrero de palma de iraca que junto a un fogón, debajo de un racimo de plátanos y yucas, le ayuda a cocinar a la Virgen.

La artesanía que la hizo famosa en el mundo fue la 'chiva', ese auténtico bus intermunicipal cargado de gallinas, papas, mercado y con letreros por los costados que hablan de los sentimientos del conductor: La llevo sola, viejito pero con gana…

Chiva con los nobles...

La primera "chiva" de barro la hizo hace 16 años cuando se enteró de que ésta fue resultado del ingenio de los colombianos. Solo se importaba el motor y el chasis, pero la necesidad de cubrirlos obligaron a los propietarios, que entonces eran los de más platica del pueblo, a colocarle un toldo; luego pasaron a la madera, hasta que se sofisticaron y crearon las actuales.

Nunca pensó que ese bus rústico, que serviría como adorno, gustara tanto. Al ver el auge patentó el invento, "tal vez por egoísmo". Hoy, los hacen en todo el país y diferentes personas. Pero, claro está, nunca como los originales.

El Papa Juan Pablo II, el expresidente Ronald Reagan y los reyes de España poseen varias de ellas. Un varón de la nobleza austriaca encargo una inmensa para colocarla en medio de la sala de su casa. Para llevársela pagó un pasaje extra.

El estudio que realizó sobre ella, así como las demás investigaciones que ha llevado a cabo sobre sus artesanías autóctonas son producto del raciocinio. "Estudio sin descanso por mi propia cuenta. No estoy en contra de la academia, pero el interés propio es mucho más productivo".

Los primeros juguetes que tuvo fueron de cerámica debido a que su mamá, Aura Muñoz de Vargas, era una experta ceramista. "Yo nací entre el barro y tenía que untarme". El arte siempre ha estado presente en su familia por influencia materna, los 10 hijos se desenvuelven en pintura y escultura.

Garzón (Huila) es su tierra natal, pero Pitalito la acogió desde muy niña. Aunque cambió la universidad por el matrimonio nunca dejó de interesarse por los libros.

En ocasiones le han dicho que continúe con la industria de las artesanía Bogotá. Pero no cambia tranquilidad de su pueblo nada del mundo. "El precio que uno paga por vivir en la capital es muy grande".

Su objetivo inmediato es fundar un "museo-escuela del barro" en Pitalito, al aire libre.

Desde hace diez años que adquirió el terreno y se dedicó a sembrar árboles nativos: sietecueros, palma del Quindío... El cemento, el etemit y las estructuras metálicas serán abolidas por completo. La casa se construirá en barro, arcilla, bahareque, tapia pisada, madera y vidrio.

Viajera e investigadora
Al barro, un elemento para ella muy noble, no le han dado la importancia que se merece. Si algo la saca de casillas es escuchar el término "tan barro" para referirse a cualquier situación, persona u objeto sin gracia o valor. "Y pensar que se están refiriendo a la misma tierra que nos alimenta".

Complementa el trabajo manual con la fotografía. Recorre poblados y veredas en busca de imágenes que le sirvan para sus obras. De tanto observar las estructuras de tas viviendas indígenas y de estudiar sus costumbres llegó a la conclusión de que "no valoramos la identidad cultural nuestra. En la gran mayoría de los colegios no le enseñan a los niños quiénes fueron sus antepasados. La educación es como un sofisma de distracción".

Hace una pausa y continúa: "En las facultades de arquitectura no tienen conocimiento de las construcciones indígenas. Con semejante aporte y herencia que nos dejaron, no lo aprovechamos. Entonces, como no nos conocemos a nosotros mismos, no nos podemos querer".

En el Museo del Oro en Bogotá se inauguraron hace un par de meses once módulos que muestran la realidad indígena en cada uno de los aspectos de su desarrollo. La investigación que realizó junto con un antropólogo, un sociólogo y un geólogo, duró cerca de un año. Visitaron asentamientos indígenas, leyeron decenas de libros y escarbaron en el sótano del Banco de La República cerámicas de épocas ancestrales que hace varios años están allí guardadas.

Durante un año más trabajó las maquetas en barro. "La que más me gusta es la de los tejidos. Muestra los diseños, los colores, las mantas. Y los trueques que realizaban con otras tribus para obtener sal".

El taller es su propia casa. Sentada en el escritorio, como cualquier ejecutiva, rodeada de cuadros y murales, modela las figuritas en barro. Muy entrada la tarde, cuando llegan los hijos del colegio, le dicen en broma: '¿Todavía con los indios? Mamá, ¡cuándo te vas a civilizar.